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Los videojuegos modernos y la dificultad

Muchas cosas han cambiado desde que empecé con esto de los videojuegos dos décadas más atrás. Píxeles del tamaño de moscardones han dejado pasos a gráficos de película, juegos que se había que pasar de un tirón han dado lugar al reino de los checkpoints y guardados cada tres minutos, lo que antes eran musiquillas cutres compiten hoy con las mejores bandas sonoras, de jugar a pantalla partida con un amigo hemos pasado a pelearnos en red con cientos de jugadores, de ver nuestros juegos en teles tan anchas como largas a hacerlo en pantallas planas, o usamos mandos que en vez de tres botones tienen más que dedos nuestras manos… muchas cosas han cambiado, y quizá también podamos referirnos a que lo que antes eran casi siempre arduas pruebas, en las que nuestros reflejos y habilidad eran llevados a su límite si queríamos seguir adelante, hoy son con demasiada frecuencia caminos de rosas, en los que poco más tenemos que hacer que mirar lo que pasa pulsando los botones que se nos piden.
No digo que este problema sea inherente a todos los juegos actuales, ni mucho menos, y son numerosos los ejemplos que rozan lo imposible, especialmente en los modos de juego más difíciles, pero creo que no hay duda de que las tendencias han cambiado, y con ello hemos perdido algunas sensaciones que resultaban de lo más intenso y que, en su justa medida, hacían mejores los juegos.
Y es que me estoy cansando de llegar al final de un juego sin haber perdido ni una sola vida, o mejor dicho, sin haber tenido la sensación de haber tenido un reto a la altura. La adrenalina de momentos como ese jefe de dificultad inusitada al que tenemos casi derrotado, pero que si nos toca una vez más nos manda de nuevo al principio de la fase… nos hace vibrar, hace que nuestro corazón lata más deprisa, que nos levantemos del sofá para concentrarnos al máximo o que agarremos el mando con más fuerza. Y esas sensaciones hacen que se vengan sobre todo a mi cabeza juegos antiguos, de la época de los 8 y los 16 bits, y cuando las siento en un juego actual, me suele dar la impresión de que es algo especial, que llevaba ya un tiempo sin sentir, cuando antes era casi el pan de cada día.


Mujeres Asesinas

Ana Carolina López E.

 

Muchos no pueden creer que una mujer de 1.47 cm y con cara de niña de 11, haya cometido este crimen a sangre fría.

Luego del crimen, la menor reportó la presunta desaparición de sus padres, María Albertina Enríquez, de 68 años y Efrén López Tarango, de 88; sin embargo, en las investigaciones de la Fiscalía, el novio de la jovencita, José Alberto Grajeda Bastista se quebró durante la entrevista y confesó el crimen que planeó junto con la menor y otro amigo de nombre Mauro Alexis Domínguez Zamarrón. 
Cuando se enteraron de la noticia, varios de los conocidos de la joven entraron en shock; los amigos de Ana Carolina, principalmente cuatro; dos gemelos y otra muchacha, ahijada de las víctimas, no lo podían creer: “ya no quieren volver a ver a la chica, están muy enojados con ella,” reveló en entrevista una fuente cercana. Ana Carolina tiene 17 años, en febrero de 2014 cumplirá su mayoría de edad; desde pequeña fue dada en adopción, su madre biológica falleció por VIH sida hace cinco años, el padre murió hace tiempo, le sobrevive una hermana biológica pocos años mayor que ella. 
Para quienes trataron a Ana la describen como tranquila, reservada, inteligente, no muy sociable y aunque se llevaba muy bien con sus cuatro amigos compañeros de escuela, señalan que en ocasiones se aislaba y era inexpresiva. Siempre lucía uñas impecables “muy bien arregladitas de salón”, la mayor parte del tiempo llevaba suelto su cabello largo ondulado, usaba jeans o falditas cómodas, andaba bien vestida pero sin llamar la atención ni caer en la vanidad extrema, así describen la imagen habitual de la joven que cursaba el cuarto semestre de preparatoria.
En lo que a su desempeño escolar corresponde, Ana era buena estudiante, no le conocían problemas, ni con compañeros ni maestros, no faltaba a clases y era dedicada a cumplir sus tareas académicas. Aunque ella siempre supo que era adoptada, el comportamiento de la menor hacía sus padres no mostraba nada fuera de lo normal: “en ocasiones discutía con la mamá por teléfono, pero como típica adolescente”, apunta la persona que describe a Ana Carolina. “Nunca imaginé que fuera capaz de hacerle algo a sus papás, ellos le daban todo, cuando me enteré de la noticia y que era ella, yo lloré” agrega la fuente cercana a la familia, (quien prefirió omitir su nombre). Efrén y Albertina daban todo lo que estuviera en sus manos a la jovencita, inclusive, aunque ella conducía el auto de la mamá, pronto le iban a comprar su propio vehículo e iban a pagarle lo necesario para cursar el siguiente semestre de estudios en Estados Unidos. Pero los planes de Ana eran diferentes; ella llegó a comentar entre sus amistades que ya quería casarse, tener hijos, para formar su propia familia “con hijos que sí fueran suyos”. Relación con José Alberto Grajeda Bastista Cuatro meses llevaban de relación estable Ana y José Alberto, ya que previamente estaban juntos de forma intermitente, ya que cortaban y volvían”. 
A decir de gente que la conoció, el noviazgo parecía “sentarle bien” a Ana, puesto que antes de ser novia de José Alberto; era muy geniosa, si algo no le gustaba se le notaba en la cara. El amorío de la joven pareja dejó de ser bien visto por los padres adoptivos de Ana, quienes en castigo le negaron a José Alberto el acceso a la casa, luego de una discusión porque ella no iba a clases de natación por irse con él. Fueron esas peleas y una propuesta de su amigo Mauro lo que desataron la idea del estremecedor crimen que planearon con un mes de anticipación; querían matarlos para ella quedarse con la herencia de los padres, comprar anillos de compromiso, el departamento y casarse, confesó en su declaración el novio, José Alberto. Quién por otra parte en entrevistas anexas que le hicieron sicólogos aludió que era Ana la que llevaba las riendas de la relación, puesto que “ella lo manipulaba con sexo”. El crimen Ana, su novio Alberto y el amigo Mauro, eligieron el día viernes para cometer el crimen, puesto que en esa fecha la mujer que acude a realizar la limpieza descansa, según se reveló cuando el Ministerio Publico dio detalles del asesinato durante la audiencia de vinculación de los dos varones. El MP explicó que el día de los hechos, los jóvenes esperaron a que Efrén (el padre) se fuera a jugar billar, después Ana dejó pasar a su casa a Mauro y Alberto; cuando ya estaban adentro llamó a su madre Albertina para que fuera a la cocina, pero la mujer no quiso salir “porque estaba en fachas”. Con la negativa de la mujer, hicieron ruidos y fingieron que Mauro y Alberto ya se habían retirado. 
Al creer que ya no estaban, Albertina accedió a ir a la cocina, pero al entrar Mauro la sorprendió por la espalda y con sus manos empezó a estrangularla, después uso cables eléctricos para ahorcarla y finalmente le inyectaron tres jeringas de ácido en el pecho y en la yugular; posteriormente escondieron el cuerpo y esperaron a que llegara Efrén, (el padre). Alberto, fue quien estranguló al padre y amarró su cuello a una pata de la mesa “para en caso de que despertar no pudiera moverse” expresó el joven en su declaración; a la segunda víctima también le inyectaron en la yugular. Tras consumar el crimen, los jóvenes tomaron alrededor de 20 mil pesos que tenían las víctimas en una bodega, después se limpiaron las manos con cloro y se “fueron a comer Dogos a un local de la avenida Ortiz Mena, donde comentaron cómo se sentían después de matarlos”. 
Luego de cenar, regresaron a la vivienda donde bebieron las cervezas que había en el refrigerador, conversaron y fueron a dormirse. A la mañana limpiaron la escena, subieron los cuerpos a la camioneta Honda color azul, buscaron tres botes de plástico para ir a la gasolinera a comprar trece litros de gasolina. Mauro manejó la camioneta hasta que llegaron a un terreno baldío, a las fueras de la ciudad, por el Periférico Lombardo Toledano, cerca de un centro recreativo de nombre Sapo Verde, ahí arrojaron los cuerpos. Al momento de tratar de quemarlos, se percataron de que no tenían con que prender fuego, por lo que subieron de nuevo al vehículo, fueron a una tienda a comprar cerillos, regresaron y finalmente José Alberto prendió los cuerpos.
Posteriormente acudieron al restaurante; después Alberto y Ana acudieron a Telcel y por último, a plaza Galerías; donde llegaron a una joyería para medirse anillos de compromiso, mientras que su novio José Alberto se compró un reloj. Por la noche, Ana Carolina se arregló para ir a unos 15 años en los que José Alberto iba a trabajar como mesero, ahí disfrutó la noche. 
Al día siguiente, Ana decidió reportar primero con su tía y después a las autoridades a sus padres como desaparecidos. Frialdad ¿cautivadora para especialistas en sicología criminal? La frialdad que mostró Ana, al hablar y confesar el crimen así como su actitud imperturbable en la audiencia ante el juez llamó poderosamente la atención de personal de la Fiscalía, cómo si se tratara de un pequeño Aleister Crowley; la aparente falta de remordimientos dejó impactado a personal que la atendió. No solo Ana llamó la atención, también el cuadro sicológico de Mauro Alexis, quién al parecer fue el primero en proponer la idea de matar a los padres de Ana. En las declaraciones de Alberto, señaló que Mauro les admitió que siempre tuvo la inquietud de cercenarle un seno a su madre, cocinarlo y comérselo, pero que nunca lo hizo porque derramaría mucha sangre. Además de que Alberto aseguró que tras asesinar a los padres de Ana, Mauro quería seguir matando. Estos casos, que podrían encajar en cuadro psicópata, no se habían visto antes en esta ciudad de Chihuahua. 
Quince años la pena máxima para Ana; prisión vitalicia a sus cómplices La Fiscalía de Chihuahua, busca acreditar el crimen de homicidio con todas las agravantes de ley, “predeterminación, alevosía, ventaja y traición”; dicho delito según el código penal puede castigarse hasta con la prisión vitalicia. No obstante, en el caso de Ana, por ser aún menor de edad, la protege la Ley Especial de Justicia para Adolescentes infractores de Chihuahua, la cual, estimula que la pena máxima que podrán imponerle a un menor es de 15 años de prisión. Por lo que de acreditarse el homicidio con todas las agravantes Ana pasaría como máximo 15 años de prisión y sus presuntos cómplices podrían pasar toda su vida en la cárcel.  
Confiesa crimen La menor reportó la presunta desaparición de sus padres, sin embargo, en las investigaciones de la Fiscalía, el novio de la jovencita, se quebró durante la entrevista y confesó el crimen que planeó junto con la menor y otro amigo.
 

Patricia Ramírez Morales

 



 

El cadáver del infortunado comerciante, quien durante más de diez años se dedicó a la reproducción y venta de discos “piratas”, tenía en el pecho un cartelón con la leyenda: “esto les pasará a quienes se brinquen las trancas. Atentamente los Z”.
Este burdo mensaje fue la línea a seguir para lograr la captura de la autora intelectual del crimen, que resultó ser la líder de los comerciantes ambulantes, Patricia Ramírez Morales, quien al estar sujeta a investigación, aseguró ser representante de los Z”. Los acontecimientos se iniciaron el 11 de febrero del año en curso, cuando la líder de mercaderes Patricia Ramírez Morales, de 38 años de edad, se presentó al establecimiento de venta de discos “piratas” situado en inmediaciones del mercado de abasto de esta ciudad, para exigirle a su propietario Néstor Ruiz Bautista, apodado” El Chapulín”, el “pago de piso” y protección, por la cantidad de 50 mil pesos mensuales que habían convenido.
Ruiz Bautista se negó rotundamente a seguir siendo extorsionado y más aún, le advirtió que la denunciaría en la delegación de la Procuraduría General de la República, por sus vínculos con narcotraficantes y la organización criminal de “Los Zetas”. Patricia, se retiró del lugar y media hora después un grupo de sujetos cubiertos del rostro con pasamontañas y portando rifles de asalto, en presencia de más de una decena de comerciantes y clientes, “levantaron” a Néstor Ruiz Bautista, a quien violentamente subieron a una camioneta blindada y huyeron con rumbo desconocido. Diez días después, fue encontrado muerto y en estado putrefacto el infortunado “Chapulín”, en una hondonada de la carretera que conduce a Magdalena Apasco, Etla; presentaba ocho disparos de arma de fuego de grueso calibre en todo el cuerpo y el clásico tiro de gracia en la frente”
Al siguiente día, integrantes del grupo de homicidios, capturaron a Patricia Ramírez Morales, cuándo tranquilamente salía de las oficinas del INEGI y de inmediato fue trasladada a la corporación policiaca en donde confesó que desde hace diez años es líder de tianguistas que operan en el Centro Histórico de la ciudad y de comerciantes del mercado de abasto, por lo que se había constituido en una mujer muy importante y de suficientes recursos económicos. “Por esta razón, la cabeza de Los Zetas me designó como su representante en la ciudad de Oaxaca y me dio línea para cobrar renta por uso de piso y protección a todos mis agremiados, cuyo producto compartía con él”, preciso Patricia.
Afirma la criminal que sicarios de “Los Zetas”, que por órdenes de ella han ejecutado a otros líderes del mercado de abasto que no se le adhirieron y en cuanto al fayuquero Néstor Ruiz Bautista, ordenó su “levantón” y ejecución porque se había revelado. Finalmente, Patricia Ramírez Morales, quien dijo tener su domicilio en la Colonia Mi Ranchito, de Santa Cruz Xoxocotlán, fue remitida a la Delegación de la Procuraduría General de la República donde quedó arraigada para ser investigada por delincuencia organizada, narcotráfico, secuestro agravado y homicidio.
 

 

El Triángulo de las Bermudas

Algunas personas, creen que las leyes de la física no se aplican en el Triángulo de las Bermudas, y es uno de los únicos dos lugares del mundo donde una brújula no indicará el verdadero norte magnético.
Con los años, cientos de barcos y aviones se han perdido en el área del Océano Atlántico entre Bermuda, Puerto Rico y Fort Lauderdale. Una de las desapariciones más famosas ocurrió en diciembre de 1945, cuando el Vuelo 19 –cinco bombarderos de la Armada de los Estados Unidos- desapareció mientras estaba haciendo ejercicios de entrenamiento.
Una explicación para las misteriosas desapariciones de barcos completos, podrían ser las grandes bolsas de gas, habituales en el lecho marino del área. Cuando el gas sube a la superficie se disuelve en el agua, disminuyendo la flotabilidad y causando que los barcos se hundan.