No digo que este problema sea inherente a todos los juegos actuales, ni mucho menos, y son numerosos los ejemplos que rozan lo imposible, especialmente en los modos de juego más difíciles, pero creo que no hay duda de que las tendencias han cambiado, y con ello hemos perdido algunas sensaciones que resultaban de lo más intenso y que, en su justa medida, hacían mejores los juegos.
Y es que me estoy cansando de llegar al final de un juego sin haber perdido ni una sola vida, o mejor dicho, sin haber tenido la sensación de haber tenido un reto a la altura. La adrenalina de momentos como ese jefe de dificultad inusitada al que tenemos casi derrotado, pero que si nos toca una vez más nos manda de nuevo al principio de la fase… nos hace vibrar, hace que nuestro corazón lata más deprisa, que nos levantemos del sofá para concentrarnos al máximo o que agarremos el mando con más fuerza. Y esas sensaciones hacen que se vengan sobre todo a mi cabeza juegos antiguos, de la época de los 8 y los 16 bits, y cuando las siento en un juego actual, me suele dar la impresión de que es algo especial, que llevaba ya un tiempo sin sentir, cuando antes era casi el pan de cada día.
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